El Real Zaragoza a tope de nuevo

Escrito por Mariano Gistain el 2 Agosto, 2014

La noticia de la temporada y de la década es que el Real Zaragoza ha cambiado de signo. Tras una etapa de decadencia que ha puesto a prueba y al límite el alma de cada aficionado, el club, o la sociedad deportiva, ha entrado en una nueva fase. El capital local ha reaccionado en el minuto noventa y ahora todo es diferente.

Las épocas de desastre sirven para verificar la solidez de los sentimientos y de los vínculos. Lo bueno de la prolongada debacle que ha asolado al equipo es que la afición ha aguantado, ha reafirmado el vigor y la serenidad de su pasión, que no tiene fondo. Siempre conviene buscar algo bueno dentro del caos, la codicia y la ineptitud. Sin esa firmeza de los socios y aficionados esta serie de episodios se quedarían en una crónica más de la corrupción estructural que devasta la vida española.

El Zaragoza es la marca global de la ciudad y de Aragón. Los Cinco Magníficos y el entorno que los hizo posibles enseñaron el valor de la belleza, la elegancia y la grandeza del fútbol. Y ese es el hito que ha mantenido viva la llama de la pasión zaragocista. Alimentada y prolongada con grandes momentos de gloria y con un buen repertorio de títulos.

Estamos procesando las últimas convulsiones y la solución. Estamos celebrando que seguimos vivos. Estamos rehaciendo la alegría y la ilusión. Todo lleva tiempo. Los disgustos han acumulado un depósito de escepticismo y de espíritu crítico -el mismo que impera en lo deportivo en la Romareda-, que no es exclusivo del mundo del fútbol. La desconfianza es universal, y puede ser un ingrediente básico del futuro, de todos los futuros. La transparencia real es un requisito imprescindible en cualquier actividad pública. Si se comparten las cuentas y las decisiones al minuto, es más fácil conseguir el respaldo y el compromiso. El Zaragoza no sólo tiene que ascender a Primera y jugar el mejor fútbol; también y especialmente tiene que destacar por la honradez y la claridad de su gestión.

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Pd.: Con el equipo va siempre el estadio. Ha habido tres o cuatro “romaredas” en los últimos años opíparos, la danza de los estadios de Zaragoza fue una pugna fortísima entre los propietarios de suelos, constructores y en medio, como siempre, los partidos. Ese juego, que abarca toda la ciudad y sus satélites, se saldó en tablas. La nueva etapa del Zaragoza propiciará un acuerdo también en este tema que es crucial.

 

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