

Aquellas operaciones asfalto que paralizaban barrios enteros han dado paso a brigadas de parcheo. Una cuadrilla con un camíón hormigonera y una pala mini van repasando los agujeros más evidentes. La ciudad aguanta. A medio gas dentro del ralentí, pero sin parar. Las primeras autoridades siguen de cerca las demoliciones. Un ojo al móvil, otro a los jefes. Si llama Obama, como ayer, todos firmes en el escalafón. Atentos a la prima y al barrio. Todo es relevante; el dato más pequeño a primera hota puede ser decisivo por la tarde. Hay que estar al filo. El abismo ya ha sido descontado y sirve para hacer negocios, aunque sean de funambulismo. En eso estamos. Los Juegos Olímpicos empiezan cada día. Medalla de oro es el listón mínimo, el corte. Ánimo.