

No conozco a nadie que no hubiera dado por muerto al Zaragoza esta temporada. Pero hemos vuelto a resucitar.
Creímos que se había agotado nuestro cupo de milagros con el gol de Nayim. Pero, por lo visto, tenemos un chollo con el hacedor de milagros.
En Zaragoza debería estar prohibido algo: arrojar la toalla.
Si hemos salvado el pellejo este año es que cualquier cosa increíble y maravillosa nos puede suceder.